Bitácora

Por Tomás Quibar

¿Alguna vez diste algo por hecho?

En mis años de vida, para algunos pueden ser pocos, para otros pueden ser muchos, he tenido dos amigos a los que he amado con todo el corazón. Personas que, por fruto del azar y millones de casualidades perfectas, o por obra consciente del universo, nacieron en el mismo tiempo y espacio que yo, en familias parecidas, con valores semejantes, vidas similares y casi los mismos intereses.
En otro momento de mi consciencia, hubiera pensado que ese conjunto de sincronicidades no erán más que meras circunstancias triviales. Hoy tengo una mirada diametralmente opuesta. Se calcula que en toda la historia han vivido en el planeta tierra unos 117 mil millones de seres humanos. Todos en condiciones distintas, tanto sociales, como geográficas, históricas y culturales. Pero hay dos que nacieron con quince días de diferencia de mí, que atravesaron vidas parecidas y que encima tuve la suerte de conocer. No creo que sea una coincidencia. Cuanto menos, es una fortuna, tal vez más grande que todas las riquezas que pudiera tener el hombre más millonario en el planeta. Yo no he conocido aún dos seres humanos tan semejantes a mí como ellos, en palabras de Atahualpa: uno mismo pero con otro cuero. Esos son Martín y Luciano.
El que ha tenido hermanos lo puede entender. Yo estaba convencido de que el Lucho iba a estar siempre, tenía la absoluta seguridad de que íbamos a transitar toda la vida juntos, que íbamos a ser laderos el uno del otro y con el Martín en triada por los años de los años viviríamos nuestras historias de cerca hasta el final.
En algunos momentos la vida nos llevó por espacios y tiempos diferentes, pero nunca me preocupé e incluso me dí el lujo de descuidar la relación, si total esto era para toda la vida, no había ningún apuro. La tarde del 2 de julio de 2025 recibí un mensaje del Martín. Nunca me voy a olvidar, estaba trabajando, lo leí y en el acto supe que lo que me decía iba en serio.
¿Alguna vez diste algo por hecho? Yo sí.
Todo lo demás, es historia.
Y te vamos a extrañar toda la vida.